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La INSPORTABLE LEVEDAD ARGENTINA

Milan Kundera en su novela “LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER” hace sin quererlo una descripción bastante acertada del “ser argentino”, de la “argentinidad al palo”, de ese ADN que nos identifica como sociedad.
 
El protagonista de esa historia, Tomás, es un sujeto seductor, apasionado, voraz, cuya felicidad estaría colmada si tuviese dos vidas.
 
Una vida “pesada” en la que prima el compromiso, la corrección y la dignidad, sabiendo que a la larga es un camino que conduce a la paz.
 
Y una vida “leve”, sin reglas ni ataduras, donde nada vale la pena, y sólo importa el momento de placer o la ventaja inmediata. Por supuesto, Tomás sabe que al final del camino el vacío de esa vida le resultará insoportable.
 
El dilema con el que se encuentra el protagonista es que la vida es una sola, y según Niestszche es invariable y eterna. ¡Gran problema!
 
La Argentina se debate hace décadas en esa misma dicotomía.
 
Ser digna, hacer lo correcto, respetar las reglas; o hacer “cualquiera” como dicen los chicos, sin importar las consecuencias.
 
Desgraciadamente, la Argentina y los argentinos elegimos vivir en la levedad, como si hubiese otra vida en la cual reparar las malas decisiones.
 
Desgraciadamente, la Argentina y los argentinos elegimos vivir en la levedad, como si hubiese otra vida en la cual reparar las malas decisiones.
 
Bailamos al son de la “viveza criolla”, del “gol con la mano”, del “default”, del “deme dos”, de la “ventajita”. Nos cansamos de quebrar todas las reglas.
 
Todos somos adalides de la moral en asados, en las redes, en charlas heroicas; pero hay muchos que no dudan en vender ese heroísmo ante el primer laburo en el Estado o la primer ventaja pasajera que aparezca.
 
Somos “humanistas”, “igualitarios”, “distribuidores de riqueza”; pero claro… no de la riqueza propia sino la de otros.
 
Grandes defensores de las minorías, que viven en una grieta en la cual la mayoría eventual literalmente le pasa por encima a quienes perdieron las últimas elecciones.
 
Como Tomás, el personaje de “La insoportable levedad del ser”, el argentino elige vivir en levedad.
 
Y es cierto que hay cierto romanticismo en esa decisión, en esa rebeldía. Hay cierto sabor en lo diferente, cierta valentía en vivir contra las reglas. Pero lo cierto es que a la larga la levedad termina siendo siempre insoportable… y patética.
 
Quizás éste momento en el cual los argentinos estamos tan inmersos en el abismo que por primera vez no vemos la luz de salida.
 
Quizás hoy que nos sentimos humillados, avergonzados, aterrorizados.
 
Quizás entendamos que la vida es una… y es para siempre.
Pasar de la “levedad” a la “pesadez” en los términos de Kundera, no será fácil, no será divertido, no carecerá de sacrificios. Pero es necesario.
 
Sé que te puede resultar molesto e interpelante, pero la verdad es que ésto no depende de los políticos, de los empresarios, ni de los sindicalistas… depende de todos y cada uno de nosotros.
 
Digamos HASTACA.
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