El rey al desnudo

Hay un cuento de Hans Christian Andersen que trata de un rey al que unos pícaros comerciantes le venden un traje imaginario, convenciéndolo de que vale cada peso debido a una particularidad inigualable: ES INVISIBLE PARA LOS ESTÚPIDOS.

Con su traje puesto” y pleno de felicidad, el rey camina en pose de grandeza frente a su gente. Y el pueblo, para no demostrar estupidez por no ver el traje, aplaude a rabiar al soberano.

Finalmente todo termina cuando un niño grita: “¡Pero si el rey está desnudo!”, dejando en evidencia la estupidez del gobernante y de los gobernados.

En la Argentina la pandemia de Coronavirus fue el traje que en un primer momento invisibilizó la incapacidad de la clase politica.

Meses enteros en los cuales la imagen del presidente Alberto Fernández tocaba el cielo, y la mayoría de la sociedad argentina estaba convencida de que un estadista estaba al mando.

Para no ser menos los rosarinos nos alegrábamos de tener un intendente que… ordenaba filas de jubilados con una corneta.

Pero pasó el tiempo y como era de esperar, todos nos dimos cuenta de que el traje era invisible.

Y la estupidez de nuestros gobernantes quedó al descubierto de la manera más cruda.

La Argentina se acerca a los cien mil muertos, ubicándose entre los países con mayor cantidad de fallecimientos por millón de habitantes. Y todo eso en el marco de una devastación de la economía por las incorrectas decisiones vinculadas a la demasiado larga cuarentena.

Rosario por su parte se transformó en una de las ciudades donde el virus pegó más fuerte, hundiendo a empresas, empleados y cuentapropistas en la ruina. Una gestión local que no puede hacer gala de absolutamente nada que se haya hecho bien, que haya generado resultados satisfactorios. Una gestión que insólitamente tuvo superávit fiscal en un año pandémico, justo cuando más se necesitaba de los recursos públicos.

Pero no nos confundamos. No se trata de culpar a tal o cual, se trata de entender lo que la pandemia dejó al descubierto: que el sistema político argentino esta desnudo y es estúpido, tal como el rey del cuento de Andersen.

Nuestros conductores no tienen la capacidad ni la representatividad necesaria para hacer bien su trabajo. Y eso sucede porque el sistema no permite que lleguen los más representativos, los mejor preparados, los mejor intencionados. Sólo permite que lleguen los partidarios de la POLÍTICA S.A.

Es hora de cambiar a la política y a los políticos. Es hora de decir HASTACA.