¿CÓMO PUEDE RESURGIR ROSARIO? 

En los años ochenta los rosarinos competíamos con Córdoba por ser la segunda ciudad del país, y nos animábamos a decir que Rosario era más linda y más “vivible” que Buenos Aires.

Teníamos un gran circuito cultural, y nos sentíamos el semillero del fútbol nacional por la cantdad de chicos que practicaban éste deporte.

El intendente era un vasco cabezón y valiente, que cuidaba la plata de la municipalidad peleándose con sindicalistas y con las estructuras de su propio partido político.

No había inseguridad, y en los barrios los pibes podían jugar en la calle, libres…

Después del trabajo los vecinos ponían sus sillas en la vereda, y se daban esas interacciones sociales que hoy desaparecieron.


Esa era Rosario.


Tres décadas después la ciudad vive sumida en un pozo de violencia, desamparo, pobreza y desilusión.


Muchos le endilgan la responsabilidad a la pandemia, queriendo disimular con ella a políticos que derrocharon recursos públicos durante treinta años. Nombraron un ejército de militantes, familiares y amigos en la Municipalidad, como si ésta fuese un empleador eterno, una empresa inagotable. Y ahora, cuando se suma la crisis económica nacional y la pandemia, a nuestra ciudad no le alcanza el dinero para pagar los casi trece mil sueldos y quien sabe cuántos contratos más.


Y se endeuda todos los años.


No quedan recursos para comprar cámaras de seguridad que combatan el delito, ni para arreglar calles y veredas, ni para hacer ninguna obra de importancia. Pero lo peor es que el intendente y sus funcionarios, fieles herederos del estilo socialista de gobierno, siguen nombrando nuevos empleados municipales.


No. No es responsabilidad de la pandemia, es responsabilidad de ellos.


Lo que no pueden hacer los rosarinos es resignarse. Sobre todo teniendo ejemplos en el mundo de ciudades que se recuperaron de situaciones incluso peores que ésta.

En los años 90 Colombia estaba empantanada en un contexto de violencia generalizada, con una población sumida en la desesperanza y la crisis económica. Los políticos eran siempre los mismos, y la corrupción era intolerable.

Sin embargo, en Bogotá ganó las elecciones un alcalde que se enfrentaba a las estructuras políticas tradicionales. En dos años redujo el déficit de la ciudad, disminuyó la violencia, construyó grandes obras de infraestructura, y puso la piedra basal de la recuperación y pacificación del país.


Estemos seguros de que se puede cambiar. Pero también estemos seguros de que no lo lograremos con estos gobernantes, con esta escuela de políticos que no están chipeados para cuidar los recursos públicos sino que se acostumbraron a dilapidar la plata de todos para beneficiarse ellos.


La solución es sanear la Municipalidad, cambiar la insoportable burocracia por procesos que los ciudadanos podamos realizar en internet. Que no haya tantos empleados, y que los que haya no estén detrás de un escritorio sino en las calles, cuidando a los ciudadanos, embelleciendo la ciudad, construyendo el futuro.


No nos resignemos. Por el contrario, ilusionémonos con la magnifica ciudad que podremos construir después de la pandemia… y después de los malos gobiernos que tuvimos estos años.


Digamos HASTACA y lideremos la recuperación de nuestra ciudad y nuestro país.